ᴱˡ ᶜⁱᵉʳʳᵉ ᵃˡ ᵃᵐᵒʳ

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𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐥𝐨𝐣 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐚 𝐞𝐫𝐚 𝐥𝐨 ú𝐧𝐢𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐨𝐦𝐩í𝐚 𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨, 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐭𝐢𝐜-𝐭𝐚𝐜 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐧𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐦á𝐬 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐚 𝐚 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐛𝐚𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨𝐬. Sirius me miraba con una sonrisa expectante, como si se deleitara con mi incomodidad. Estaba esperando mi respuesta, y yo... bueno, yo estaba atrapado.

—Padrino... —comenzó Harry, su voz sonaba casi como una súplica.

Sirius levantó una mano, deteniéndolo sin siquiera apartar la vista de mí.

—Déjala contestar, Harry. —Su tono era firme, autoritario, pero con una chispa de malicia—. Sea honesta.

Sentí mi garganta seca, y mi sonrisa apareció, forzada. Demonios, Malfoy, actúa. Asentí, tratando de no parecer demasiado nervioso.

—Por supuesto —dije con una risa incómoda—, estoy saliendo con Harry porque... lo amo mucho. —Las palabras se me atascaron en la boca como si estuviera hablando en otro idioma.

Sirius alzó una ceja, no convencido.

—Entonces, ¿por qué terminaron? —Su pregunta fue tan directa que me tomó por sorpresa. No esperaba que fuera tan incisivo. Noté cómo Harry se tensaba a mi lado, pero no había rescate a la vista.

—Pues... —murmuré, buscando alguna señal en Harry, algún gesto que me ayudara a salir de esta. Pero no encontré nada más que su expresión incómoda.

Harry, probablemente sintiendo que mi silencio se alargaba demasiado, intervino, sonriendo con una mezcla de vergüenza y desesperación.

—Padrino, no creo que este sea el lugar adecuado para ese tipo de preguntas...

Sirius no se inmutó. Su mirada se dirigió brevemente a Harry, antes de volver a enfocarse en mí, con los ojos entrecerrados como si tratara de leerme por completo.

—Lo pregunto porque es algo que uno debe preguntar, mocoso —replicó, su tono casi despectivo—. Ahora, ¿por qué no me contestas de una vez? —La presión en su voz no era para nada sutil.

Mi mente iba a mil por hora. Vamos, Draco, ¿por qué terminarías con Potter? Me crucé de brazos por debajo de la mesa, tratando de ganar algo de tiempo. Pensé en lo obvio, en lo que podía decir que sonara creíble, aunque no fuera del todo cierto.

—Bueno... —respiré hondo—. Pensé que le importaba más el trabajo que yo. —Sí, eso debería funcionar. Es Potter, después de todo.

Sirius no tardó en reírse, pero no era una risa de alegría. Era más bien la risa de alguien que sabía más de lo que dejaba entrever.

—Harry solo sabe trabajar —dijo, sin miramientos—. Y eso no va a cambiar en el futuro. ¿Lo aceptas? Porque, te lo advierto, vas a vivir luchando por eso si te quedas con él.

Yo asentí, fingiendo estar de acuerdo, aunque sus palabras me atravesaron como un cuchillo.

—No se preocupe —dije, con una sonrisa que esperaba pareciera convincente—. Cuando hablamos esta vez, decidí que entendería que Harry prioriza el trabajo sobre todo lo demás. Estaba tan loco por su trabajo que ignoré sus llamadas luego de proponer que termináramos. Pero... —hice una pausa dramática, disfrutando del papel por un momento— canceló una reunión importante y vino corriendo a verme.

Añadí una pizca de teatralidad en mis palabras, algo que claramente captó la atención de Sirius.

—¿Este chico? —Sirius señaló a Harry con el pulgar, su incredulidad palpable—. ¿Realmente faltó a una reunión para ir a verte?

Asentí, encogiéndome de hombros con una fingida modestia.

—Sí —confirmé, disfrutando cómo la situación empezaba a volverse más divertida—. Además, sabe que Harry odia la lluvia, ¿no? Ese día llovía, pero aun así vino a verme.

La cara de Harry se congeló por un instante. No se esperaba esa.

—¿Eso es cierto, Harry? —preguntó Sirius, con una sonrisa casi victoriosa.

Harry se quedó mirando a la nada, su mente claramente repasando cada detalle de lo que acababa de escuchar. Tras unos segundos, forzó una sonrisa.

—Comamos primero y discutámoslo después —propuso, tratando de cambiar el tema con rapidez—. La comida se enfría.























Después de una hora, finalmente, salimos del restaurante. Me estiré en cuanto la puerta se cerró tras nosotros, sintiendo cómo la tensión se desvanecía.

—Aún tengo que esperar unas horas más para volver a mi cuerpo —bufé, mientras caminaba hacia donde Potter estaba sentado, apoyado en la pared del callejón—. ¡Te busqué por todas partes! Fue muy incómodo estar sola con tu padrino, casi me muero. —Me dejé caer a su lado en un banco cercano—. Oye, ¿lo hice bien? Creo que al principio no le caí muy bien, pero cuando le conté lo de la lluvia, empezó a entrar en la historia...

Harry, que había estado mirando al suelo, levantó la vista de golpe, sus ojos brillando con una furia contenida.

—¿Por qué demonios usaste lo de la lluvia? —espetó, su voz baja pero cargada de ira—. ¡Sabes cuánto odio la lluvia, y lo usas como si fuera una pequeña anécdota adorable! ¿En qué estabas pensando?

Fruncí el ceño ante su reacción.

—Lo añadí para hacer la historia más realista —respondí, como si fuera la cosa más obvia del mundo—. Corriste hacia tu amada a pesar de que odias la lluvia. ¿No es romántico?

Harry apretó los puños, su mandíbula tensándose.

—¿Realista? —repitió con amargura—. No tienes idea de lo real que fue. ¿Romántico? No tienes ni idea de lo que significa esa palabra —replicó con sarcasmo—. No entiendes el significado de ese momento, y no tienes derecho a usarlo como un ejemplo cliché para nuestra farsa.

Lo miré, evaluándolo. ¿De verdad tanto le afectaba la lluvia?

—¿Por qué te pones así? —le pregunté, irritado—. Me estás pagando para ser tu falsa novia, y estoy haciendo lo que me corresponde.

—Tienes razón —admitió a regañadientes—. Te estoy pagando para que desempeñes un papel, y lo estás haciendo. Pero eso no te da derecho a utilizar mis sentimientos y experiencias personales como utilería barata en nuestra mentira.

Respiró profundamente, tratando de controlarse, pero sus ojos seguían llenos de rabia.

—Solo... desearía que entendieras lo importante que fue para mí ese momento. No lo trivialices.

Nos quedamos mirándonos en silencio. ¿Quién podría amarlo tanto como para soportar todo eso?

Antes de que pudiera responder, la voz de Sirius interrumpió el silencio desde atrás.

—Señorita Bridgerton —llamó, con una sonrisa burlona.

—Sí, señor —respondí, con una sonrisa falsa.

—Por casualidad, ¿te gustan los bollos al vapor?

Harry cerró los ojos con exasperación.

—Padrino, hoy no...

—No te lo preguntaba a ti —gruñó Sirius, dirigiéndose hacia mí con una mirada inquisitiva—. ¿Te gustan?

Noté la mirada de advertencia de Harry, pero lo ignoré.

—Sí, me encantan los bollos al vapor —respondí con dulzura.

Si me haces enojar, Potter, atente a las consecuencias.






























Miré la tienda con un suspiro. No era precisamente lo que uno esperaría de un lugar que Sirius Black frecuentaría. Las luces de neón parpadeaban, y las pequeñas mesas de metal estaban salpicadas por todo el espacio. No era una tienda de lujo, ni mucho menos, apenas era un pequeño puesto en la calle. Si hubiera sabido que terminaríamos aquí, habría protestado desde el principio. Maldito Potter.

—¿De verdad venimos hasta el otro lado de la ciudad solo por unos bollos? —murmuré, claramente disgustado, mientras caminaba al lado de Harry. Las tiendas alrededor parecían sacadas de un mercado callejero, y la mezcla de olores de comida flotaba en el aire, invadiendo mis sentidos.

Harry no se molestó en mirarme, su tono era frío, casi indiferente.

—Sí, estamos aquí solo por los bollos —respondió secamente—. Y si no te gusta, eres libre de esperar afuera.

Lo vi alejarse, con ese paso decidido que siempre usaba cuando quería evitar una confrontación. Mi malhumor crecía con cada paso que daba. ¿Qué demonios le pasa ahora?

—¿Qué hice de malo? —bramé, lo suficientemente fuerte como para que se detuviera.

Él se giró lentamente, su mirada fija en mí, casi perforándome. No podía descifrar si estaba enfadado o simplemente cansado de toda esta farsa.

—Solo respondí a sus preguntas como me dijiste que lo hiciera —continué, cruzándome de brazos con exasperación—. ¿Qué? ¿Dije algo mal? Hice todo lo que pude para que saliera bien...

Me interrumpí bruscamente cuando noté que Sirius nos observaba desde dentro del puesto. Genial, más presión. Respiré hondo, intentando no perder la compostura. Forcé una sonrisa y agarré el brazo de Harry, jalándolo hacia mí con una falsa dulzura.

—Vamos, Harry —dije con una voz armoniosa, intentando suavizar la situación mientras lo guiaba hacia el puesto con Sirius observándonos de cerca. Juro que si esto no acaba pronto, lo estrangulo.

Unos minutos después, estaba sentada frente a Sirius, mientras Harry había decidido quedarse afuera, quizás para calmar su propio temperamento o simplemente para alejarse de mí. Cobarde.

Sirius me ofreció un bollo con una sonrisa amable, como si todo el interrogatorio anterior no hubiera sucedido.

—Toma, come algo —dijo, señalando el plato frente a mí.

Asentí, tratando de mantener mi compostura. ¿Qué tan malos pueden ser? Tomé uno de los bollos y le di un mordisco cauteloso. No soy fanático de la comida oriental, pero lo que probé me tomó por sorpresa.

—Vaya, son deliciosos —murmuré con genuino asombro. Mis ojos se iluminaron mientras tomaba otro bocado, sintiendo la mezcla perfecta de suavidad y crujiente—. Es suave y un poco crujiente, no cualquiera logra este tipo de consistencia. —Comenté, sabiendo lo suficiente de cocina para sonar creíble, aunque en realidad, quemaría la cocina si lo intentara—. ¡Valió la pena el viaje!

Sirius soltó una risa cálida, aunque con una pizca de burla.

—Tienes un frijol en el diente —se burló, señalando con un gesto despreocupado.

Inmediatamente me cubrí la boca con la mano, sorprendido, pero no pude evitar reírme también. Por un momento, la tensión se desvaneció, y nos quedamos riendo juntos como si todo el teatro de antes no importara. ¿Quién diría que el padrino de Potter podría ser tan... humano?

Después de limpiarme los dientes y recobrar la compostura, Sirius se quedó en silencio por un momento. Su expresión cambió, volviéndose más seria, casi sincera. Me miró directamente, como si estuviera evaluando cada uno de mis movimientos.

—Lamento mucho lo de hoy —murmuró, bajando la voz.

Lo miré, intrigado.

—¿Por qué lo dice? —pregunté, tratando de leer la verdadera intención detrás de sus palabras.

Sirius sonrió levemente, pero esta vez no era una sonrisa burlona. Había algo más profundo en su mirada.

—A veces puedo ser un poco brusco —admitió con un tono más suave—. Pero hoy, te estaba poniendo a prueba.

Eso me sorprendió un poco. No esperaba tanta honestidad de su parte.

—Mi ahijado, Harry, significa el mundo para mí —continuó, inclinándose un poco hacia adelante, como si quisiera asegurarse de que entendiera bien lo que estaba diciendo—. Y solo quiero asegurarme de que quien sea que esté con él realmente lo ame. No quiero verlo sufrir otra vez.

Sirius me miraba con una expresión seria, una que no había visto antes en él. Era como si estuviera buscando algo en mis ojos, alguna pista de que lo que decía era verdad o mentira.

—¿De verdad lo amas? —La pregunta cayó pesada entre nosotros, como un yunque.

Sentí un nudo en la garganta, pero no porque me afectara la pregunta en sí, sino por la presión de mantener esta mentira a flote.

—Lo entiendo —dije con una sonrisa que, aunque forzada, intenté que fuera convincente—. Yo también me sorprendería de mí misma. —Hice una pausa, evaluando la reacción de Sirius—. Prometo cuidar mucho de Harry. —Esta vez, mi sonrisa fue más sincera. Después de todo, no era completamente una mentira.

—Me alegro de que lo hagas —respondió con esa sonrisa suya, pero sus ojos me estudiaban con atención. Había algo más que amabilidad detrás de ellos—. Entiendes que si lo lastimas de alguna manera, tengo varias formas creativas de acabar contigo —advirtió, medio en broma, pero lo suficientemente en serio como para que me diera cuenta de que no estaba del todo jugando.

Solté una risa nerviosa, aunque traté de mantenerme sereno, asintiendo.

—Créame, en su lugar... yo sería igual —acepté, dejando que mi sonrisa fuera lo más relajada posible.

Reímos un poco, aunque la tensión seguía latente en el aire. Sirius era un hombre protector, eso era claro, y esta era una advertencia disfrazada de broma. No podía permitirme relajarme demasiado.

Sirius me observaba con esa expresión astuta que me hacía sentir expuesto, como si supiera más de lo que dejaba ver. Justo cuando el silencio comenzaba a volverse incómodo, cambió el tema, o al menos, eso creí en un principio.

—Sabes, Harry mencionó algo interesante sobre su novia —comenzó, con ese tono curioso que solo podía significar problemas.

Mi corazón dio un pequeño vuelco. ¿Qué le habría contado Potter ahora?

—¿De verdad? —pregunté, esforzándome por mantener la calma, aunque mis manos comenzaban a sudar—. ¿Qué cosa?

Sirius levantó una ceja, como si ya conociera la respuesta pero quisiera ver cómo reaccionaba yo.

—Él mencionó que su novia tenía el pelo rubio —dijo, dejándome caer la bomba con toda la sutileza de un hechizo explosivo—. Pero tú, en cambio, tienes el pelo negro. Dime, ¿por qué la discrepancia?

Mi cerebro empezó a trabajar a toda velocidad, buscando una salida. ¿Rubio? ¿Por qué Potter habría mencionado eso?

—Oh, eso es porque me lo teñí —dije con una sonrisa rápida, esperando que la excusa fuera suficiente para calmar su curiosidad.

Sirius asintió, complacido con mi respuesta, pero no parecía del todo convencido. Sabía que había algo más que intentaba descubrir.

—Sabes —comenzó de nuevo, inclinándose ligeramente hacia mí, como si estuviera compartiendo un secreto—, cuando Harry me dijo que su novia era rubia, no pude evitar preguntarme si tal vez se había juntado con alguien de la familia Malfoy.

Mis músculos se tensaron. Mi mente quedó en blanco por un segundo antes de que lograra reaccionar. ¿Qué? ¿Cómo demonios se le ocurrió eso?

—¿Por qué? ¿Por el... cabello? —cuestioné, intentando sonar despreocupado, pero sintiendo que mi garganta se secaba.

Sirius asintió con una sonrisa irónica.

—Sí, por el pelo —dijo con naturalidad—. La familia Malfoy es conocida por su cabello rubio, así que cuando Harry mencionó que su novia también era rubia, tuve la sensación de que podría ser alguien de la familia.

Sonreí nervioso, bajando la mirada para evitar que notara el leve temblor en mis manos. Esto está yendo demasiado lejos.

—Por su tono de voz... se escucha que no le gusta esa familia —comenté, tratando de cambiar el foco de la conversación.

Sirius asintió, su expresión se volvió más sombría.

—Tienes razón —dijo, su tono más serio ahora—. No siento mucho cariño por esa familia. Han causado muchos problemas a lo largo de los años.

Se inclinó aún más hacia mí, su rostro adquirió una sombra de gravedad que no había mostrado hasta ahora. Su mirada se endureció, como si estuviera recordando algo desagradable.

—Draco Malfoy, en particular, estaba en la cima de la lista de candidatos para el futuro esposo de Harry. Pero digamos que tengo mis razones para no querer que eso suceda.

Casi escupí la bebida que acababa de llevarme a la boca, disimulando rápidamente con una tos mientras mi mente procesaba lo que acababa de escuchar. ¿Yo... casarme con Potter? La idea era tan absurda que, en medio de mi sorpresa, mi bolso se resbaló de mis manos y cayó al suelo, desparramando su contenido por todas partes.

¡Mierda! murmuré para mis adentros mientras me agachaba apresuradamente a recoger mis cosas, mi corazón latiendo a mil por hora.

Sirius, con toda su amabilidad, se inclinó para ayudarme, pero yo apenas podía concentrarme en lo que estaba haciendo. ¿Cómo demonios llegamos a esto?

—Gracias —dije en un susurro cuando finalmente logré recoger mis pertenencias, intentando recuperar mi compostura.

—No hay problema —respondió Sirius con una sonrisa amable.

Vi que levantaba algo del suelo, un sobre. Por un momento pensé que era mío, así que extendí la mano para que me lo diera, pero antes de que pudiera decir algo, la voz de Harry resonó detrás de mí, interrumpiendo todo.

—Vámonos, tengo trabajo que hacer —dijo, su tono plano y casi indiferente mientras entraba nuevamente al puesto.

—¿Negocios que atender? —Sirius le lanzó una mirada dura—. Es porque siempre actúas así que Adara no puede pedirte que hagan cosas como esta.

Harry frunció el ceño, claramente irritado.

—¿Y yo qué...? —empezó a decir, pero se detuvo al ver el sobre en las manos de Sirius—. ¿Qué es eso?

Parpadeé varias veces, confuso, antes de notar que Sirius sostenía un par de entradas.

—Entradas para un concierto —dijo Sirius, su tono lleno de reproche.

Harry soltó un bufido, cruzando los brazos, visiblemente a la defensiva.

—¿Cuál es el problema? Es solo un concierto.

—Ese no es el punto, Harry —replicó Sirius, su frustración creciendo—. Adara ha pasado por un montón de problemas para conseguir estas entradas, y ni siquiera pareces apreciarlo. Es como si estuvieras completamente desinteresado.

La mirada que Harry me dirigió en ese momento era fulminante. Era como si, de alguna manera, esto fuera culpa mía. Pero antes de que pudiera decir algo, Sirius ya estaba tomando el control de la situación.

—¡Vayan de inmediato! —dijo, poniéndose de pie con determinación—. Te vas ahora mismo.

Harry abrió la boca para protestar, pero Sirius no le dio oportunidad.

—Sin peros —insistió, entregándole los boletos.

—Pero... no se preocupe por ello —intenté interceder, tratando de calmar la situación, pero Sirius me interrumpió con un gesto firme.

—Los llevaré a ambos a la entrada —afirmó, como si su decisión fuera inamovible—. Quiero asegurarme de que entren juntos.

Maldita sea, Malfoy, pensé. Esto se estaba complicando más de lo que había anticipado.
































El bullicio del concierto me rodeaba, con risas y gritos emocionados resonando en mis oídos mientras caminaba entre la multitud con Potter a mi lado. Personas de todas partes se congregaban alrededor de nosotros, vistiendo camisetas de la banda y luciendo extáticos. Una atmósfera vibrante y despreocupada envolvía el lugar, pero yo me sentía fuera de lugar, incómodo, como si algo no encajara.

Arctic Monkeys, fruncí el ceño al leer los carteles alrededor. ¿Qué clase de música es esa? Había aceptado las entradas sin pensarlo dos veces cuando Theodore me las dio, pero ahora, mientras la masa de gente se arremolinaba a nuestro alrededor,

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