—¡Detente, perra! —gritó la mujer, llena de ira.
El caos se intensificó mientras Draco se subía rápidamente a un taxi. Ron apareció en ese momento, bajando de un coche y acercándose a Harry, con una expresión perpleja.
—¿No dijiste que llevarías a la señorita Parkinson a casa? —preguntó Ron, desconcertado.
Harry lo miró, su expresión una mezcla de cansancio e incredulidad.
—Sí, se suponía que debía llevarla a casa —respondió con un largo suspiro—. Pero luego decidió montar un drama y salir corriendo en un taxi. Te lo juro, mujeres...
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