ᴬᵐⁱᵍᵒˢ ⁼ ᴰᵉˢᵃˢᵗʳᵉ

Background color
Font
Font size
Line height

𝐍𝐨 𝐞𝐫𝐚 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐥𝐚 𝐚𝐧𝐬𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫. Theo. Maldita sea. Lo último que necesitaba era cruzarme con él. Miré mi celular, buscando algún indicio de Pansy. ¿Ya viene o no?, le escribí de nuevo, aunque estaba seguro de que me ignoraría por completo.

—¿Dónde está ese idiota?

—¿Tienes dos teléfonos? —preguntó una voz familiar, a la vez arrogante y burlona.

Sentí cómo mi cuerpo entero se tensaba al instante. Alcé la vista con desgana. Y ahí estaban, los malditos ojos verdes que detestaba tanto. Potter. Por supuesto que tenía que aparecer.

—Esto es...

Antes de poder terminar, él me arrebató el móvil de las manos con una destreza irritante y comenzó a marcar un número. En unos segundos, su celular sonó. ¡Perfecto! Ahora tenía mi número, y sin siquiera pedirlo.

—¿Cómo te atreves a hacer eso? —espeté, recuperando mi teléfono de un tirón.

—Nos vamos a casar —respondió Potter, con una sonrisa maliciosa—. Así que debería tener todos tus números de contacto.

—No pienso casarme contigo —dije firmemente, sentándome de golpe frente a él—. ¿Cómo pretendes que me case con alguien a quien apenas he visto una vez en mi vida?

Potter se recostó en su silla, cruzando los brazos y arqueando una ceja con esa maldita expresión de superioridad.

—¿Disculpa? —su tono era ácido, casi irritante—. Pero fuiste tú quien aceptó salir conmigo. Y ahora que te propongo matrimonio, ¿dices que no?

Rodé los ojos y miré a un lado, recordando aquella maldita cita. Vale, quizás tenía un punto. Lo cual lo hacía aún más insoportable. Solté una risa nerviosa, intentando quitarle peso al asunto.

—Eso fue... —intenté decir, pero Harry me cortó.

Se inclinó hacia adelante, sus ojos verdes fijos en los míos, como si intentara intimidarme.

—No, no, no —me dijo con firmeza—. No puedes retractarte ahora. Aceptaste esa cita, y ahora que te estoy ofreciendo matrimonio, ¿te estás acobardando?

—Me obligaron a ir a esa cita —respondí, sintiendo cómo la frustración empezaba a bullir dentro de mí—. Odio los matrimonios arreglados, especialmente si son por negocios. —Me levanté de un salto, cansado de esa conversación absurda—. Así que, por favor, olvida todo esto del matrimonio.

Me giré, dispuesto a marcharme de una vez, pero cuando llegue a las escaleras sentí cómo alguien me agarraba por la muñeca y me daba la vuelta. Potter, por supuesto.

—Espera un minuto —su tono seguía siendo autoritario, como si tuviera algún tipo de control sobre mí—. No puedes simplemente irte así. Tenemos que hablar de esto.

Lo miré, soltando un suspiro cansado.

—¿De verdad crees que el matrimonio es un juego? —pregunté con evidente irritación—. ¿Que puedes pedirle a cualquiera que se case contigo y que todos aceptarán sin más?

—Por supuesto que no creo que sea un juego —respondió él, frunciendo el ceño—. Pero tampoco puedes descartar algo sin siquiera considerarlo. Aceptaste una cita, ¿no? Ahora te ofrezco casarnos y actúas como si fuera lo más escandaloso del mundo.

Bufé, desviando la mirada. Este idiota....

—Imposible —le respondí con frialdad—. No me voy a casar con alguien que apenas conozco.

Harry se acercó un poco más, sus ojos seguían clavados en los míos, como si intentara perforarme el alma.

—Ni siquiera me has dado la oportunidad de demostrarte que puedo ser un buen compañero —murmuró entre dientes, su voz tensa—. ¿Cómo puedes estar tan seguro de que no quieres casarte conmigo si ni siquiera me conoces bien?

—¿Qué demonios estás insinuando? —intenté retroceder, pero mi pie resbaló en el borde del escalón y comencé a caer.

Cerré los ojos, esperando el golpe... pero nunca llegó. En su lugar, sentí una mano firme que me atrapó antes de que tocara el suelo. Al abrir los ojos, ahí estaba Potter, sosteniéndome con una mano en la muñeca, su agarre firme. Me había acercado hacia él, y ahora su mano había pasado de mi muñeca a sostener mi mano contra su pecho.

—Ten más cuidado —murmuró, su tono ahora algo más suave, pero igual de molesto.

Mi corazón latía rápido, mucho más rápido de lo que estaba dispuesto a admitir. Lo aparté de un empujón, irritado por lo que acababa de suceder.

—Olvídalo —bufé, sintiendo el calor subiendo por mi rostro—. No pienso casarme ni salir contigo. Así que espero no volver a verte.

Y sin darle tiempo a reaccionar, bajé las escaleras lo más rápido que pude, esta vez sin resbalar. Maldito Potter. ¿Quién se cree que es?

Salí del restaurante como si hubiera escapado de una trampa mortal, incapaz de creer lo que acababa de pasar.

—¿Está loco o desesperado por casarse? —murmuré para mí mismo, deteniéndome en el paso de peatones mientras esperaba la luz verde.

El solo pensamiento me provocó escalofríos. Potter, pidiendo matrimonio como si fuera la cosa más lógica del mundo... Está demente. Mientras caminaba al otro lado de la calle, saqué la poción del bolsillo y, con disimulo, empecé a beberla para volver a mi cuerpo habitual. Lo último que necesitaba era que alguien me viera transformándome en plena calle.

Fue entonces cuando, al levantar la vista, lo vi. Theo caminaba hacia mí, exactamente en la dirección en la que iba. Maldita sea.

—¡Esto es lo que me temía! —exclamé en voz baja antes de girar bruscamente sobre mis talones y correr de vuelta al otro lado de la calle. Theo no puede verme cambiar... no ahora.

Con el corazón acelerado, busqué desesperadamente algún lugar donde esconderme. Vi un coche estacionado al borde de la acera y, sin pensar dos veces, me metí en él. El pánico era lo único que guiaba mis acciones. Solo cuando me senté y levanté la mirada, me di cuenta de en qué coche me había metido. O mejor dicho, de quién.

Potter estaba frente a mí, con una expresión de absoluta incredulidad en su rostro.

—¿Qué demonios...? —murmuró, claramente confundido.

—Yo... —empecé a balbucear, mirando a su alrededor— Bueno...

Miré por la ventana, Theo seguía acercándose, y yo solo quería desaparecer. Sin pensarlo mucho, me acerqué a Harry y lo agarré de la corbata, tirándolo hacia mí. Dioses, que no me vea, que no me vea.

—Necesito que hagas algo —susurré, obligando a Harry a cubrirme con su cuerpo para que Theo no pudiera verme desde la calle.

Pude sentir la respiración de Potter cerca de mi cabeza. Su calor me envolvía, y aunque mi mente estaba en el caos de esconderme, no pude evitar notar lo cerca que estábamos. Esto es ridículo. Miré de nuevo hacia afuera. Theo ya había pasado. Suspiré aliviado y solté la corbata de Harry de golpe.

—¿Qué demonios estás haciendo? —gruñó Potter, claramente molesto—. Dijiste que no querías volver a verme ni casarte conmigo.

Me quedé mirándolo por unos segundos, antes de apartarme y empujarlo ligeramente.

—Así es —aclaré, acomodándome en el asiento—. No solo no quiero volver a verte, sino que también quiero dejar en claro que no me interesa casarme contigo. Por eso vine a decirte que no vuelvas a contactarme. Y ahora, me largo.

Me giré para abrir la puerta del coche y salir de una vez, pero su voz volvió a detenerme.

—¿Saliste de tu escondite solo para decirme eso? Aún así me casaré contigo —replicó, con esa irritante calma que siempre me sacaba de quicio—. Podrías haber enviado un mensaje en su lugar.

Me detuve en seco y lo miré con una ceja levantada. ¿Perdón?.

Harry empezó a sonreír, esa maldita sonrisa burlona que siempre consigue hacerme hervir la sangre.

—Ya me has oído —continuó, disfrutando visiblemente de mi frustración—. ¿Por qué tomarte la molestia de venir aquí cuando podrías haber enviado un simple mensaje de texto? ¿De verdad estás tan desesperada por volver a verme?

Su burla era palpable, y aunque estaba empezando a sentir que mi pecho ardía de irritación, no podía permitir que me viera afectado. Le devolví una sonrisa irónica.

—Por supuesto que no me gusta nada de ti —le espeté, señalándolo de arriba abajo con desdén—. No me gustan tus patéticas frases de "héroe", ni tu estúpida cicatriz, que te hace parecer como si te hubieran rajado la cara.

De pronto, una risa interrumpió nuestra conversación. El pelirrojo. Tanto Harry como yo nos giramos hacia él. Harry soltó un bufido antes de volver a mirarme.

—Ten cuidado, Parkinson —comentó con sarcasmo—. Sabes perfectamente cómo halagar a un hombre.

Le sostuve la mirada unos segundos. Este idiota no merece ni mi tiempo. Me di la vuelta y salí del coche sin decir una palabra más.

—El semáforo está en verde —dije, más para mí mismo, mientras cruzaba la calle apresuradamente con el resto de los peatones. Sentí que el cambio estaba a punto de suceder. Apenas había logrado escapar.

Y en el último momento, justo al cruzar la calle, la poción hizo su efecto. Sentí cómo mi cuerpo volvía a su forma habitual, mis músculos, mi estructura... todo regresó a la normalidad. Respiré aliviado. Eso estuvo demasiado cerca.

Por un segundo, me permití relajarme, pero solo un segundo. La sensación de que algo más me estaba incomodando seguía ahí, como una espina que no lograba quitarme de encima. ¿Era Potter?.

Sacudí la cabeza, descartando la idea. No, eso sería ridículo.

Sin embargo, algo dentro de mí me decía que no sería la última vez que tendría que enfrentarme a Harry. Y eso, por alguna extraña razón, me hacía sentir una mezcla de nervios y... algo más.






























Blaise y Pansy se reían descaradamente frente a mí mientras yo bebía una cerveza muggle. El amargor del líquido no ayudaba a calmar mi irritación, así que los fulminé con la mirada.

—¿Qué? —espeté, entrecerrando los ojos— ¿Cómo pueden reírse en una situación así?

Pansy, aún con lágrimas en los ojos de tanto reír, apenas logró hablar:

—Es que es demasiado gracioso.

Estábamos en uno de esos pequeños locales, casi ocultos, donde no nos encontraría nadie que importara. Era nuestro refugio cuando queríamos desaparecer por unas horas. No era el lugar más lujoso, pero servía.

—¿Me estás diciendo que subiste al auto y le soltaste: "No me casaré contigo"? —continuó Blaise, ahogándose de la risa.

—No tuve otra opción —me quejé, hundiéndome más en el asiento— No podía dejar que Theo me viera... así.

Blaise intentó recomponerse, pero le costaba. Pansy, por otro lado, empezó a tomarlo en serio, frunciendo el ceño.

—Tienes razón —admitió, mirando a Blaise— ¿Por qué está tan empeñado en casarse contigo?

Suspiré antes de responder, tomando un trago largo de la cerveza.

—Ya te lo dije. Está detrás de tú familia —murmuré con resignación— Quiere asegurarse de tener acceso a más dinero, supongo.

—Aunque las dos familias se fusionaran, no sería suficiente como para hacer una diferencia —apuntó Blaise, pensativo. Después, me miró con una sonrisa que solo podía significar problemas— O tal vez... ¿se ha enamorado de ti?

—¡Eso es ridículo! —protesté con el ceño fruncido mientras masticaba un pedazo de pollo— Si le interesa alguien, es "Pansy Parkinson". Sea como sea, ve y aclara esto de una vez —dije, mirando a Pansy directamente.

—Está bien —suspiró ella, derrotada.

Eché un vistazo rápido a mi celular. La hora se me estaba escapando.

—Vámonos, ya es tarde y tengo sueño.

Pero justo cuando Pansy y yo nos levantábamos, Blaise nos detuvo con un gesto.

—Esperen, una ronda más —pidió con esa sonrisa suya que sabía que no podía rechazar— Como en los viejos tiempos.

—¿Qué? —arqueé una ceja, desconcertado.

—Tiene razón —Pansy se dejó caer de nuevo en la silla— Si mi padre se entera de que arruiné la cita a ciegas, me mata. Solo una más —me lanzó una mirada suplicante— Considéralo mi última copa antes de ser desheredada, ¿sí?

Rodé los ojos, pero ya estaba convencido.

—¡Perfecto! —exclamó Blaise, levantándose de la silla con renovada energía y dirigiéndose a una mesa cercana.

¿Y ahora qué le pasa a este?, me pregunté mientras Pansy y yo lo seguíamos.

—¿Qué te picó ahora? —preguntó Pansy, tan curiosa como yo.

Blaise sonrió como si estuviera a punto de revelar el gran secreto del año. Apartó una cortina y señaló una tienda cercana con aire conspirativo.

—¿Recuerdan al tipo del que les hablé la última vez? Nos conocimos allí. Es el tipo de hombre que... bueno, que me hace replantearme ciertas cosas —admitió con una media sonrisa— Creo que trabaja por aquí. ¿Esperamos a ver si aparece?

Fruncí el ceño, cruzando los brazos.

—¿Entonces ese tipo es la razón por la que insististe tanto en venir aquí? —dije, adivinando sus intenciones.

—Así es —respondió con una sonrisa que parecía eterna— Nunca me había sentido tan bien en toda mi vida. Bueno, desde aquel beso de tres... pero eso es otra historia. ¿Qué dicen? ¿Esperamos una hora más?

Pansy y yo intercambiamos una mirada, sabiendo que ya estábamos atrapados en el plan de Blaise.

—Yo invito la próxima ronda —agregó, dándose cuenta de que estaba a punto de ganar.

Ambos sonreímos al unísono, como si estuviéramos en sincronía después de tantos años.

—Vamos a esperarlo —dijimos a la vez, resignados pero entretenidos.

































Me desperté de golpe por un estruendoso grito que resonaba en todo el cuarto, o al menos, eso creí al principio. Mi mente estaba tan nublada que apenas podía procesar lo que ocurría. Cuando finalmente logré abrir los ojos, me di cuenta de que no estaba en cualquier lugar: estaba en mi habitación de la Mansión Malfoy.

—¡Despierten de una vez! —regañó una voz masculina que, con solo escucharla, me hizo erizar el vello de la nuca— ¿No tienen que ir a trabajar?

Con el ceño fruncido, me giré hacia el lado. Blaise y Pansy estaban desparramados en mi cama de una forma tan ridícula que hasta me sorprendió que no se hubieran caído. Blaise, completamente enredado entre las sábanas, tenía una pierna sobre la mía, mientras que Pansy había terminado con medio cuerpo colgando del borde, apenas cubierta por la cobija, con una lata de cerveza vacía sobre la cabeza. A nuestro alrededor había un caos de latas, envoltorios de comida, y botellas vacías.

—Por Merlín, mi cabeza... —me quejé mientras me enderezaba, masajeándome las sienes.

Pansy murmuró algo ininteligible, probablemente una excusa, y trató de recomponerse al ver a la figura imponente de mi padre en la puerta.

—Señor Malfoy... —murmuró con la voz ronca, parpadeando para enfocar la vista en Lucius, que nos observaba con una mezcla de desaprobación y... ¿diversión?

Blaise se desperezó, estirando los brazos como si acabara de despertar de una siesta reparadora en lugar de una borrachera monumental.

—¿Por qué dormí aquí? —preguntó Blaise, mirando a su alrededor como si apenas se diera cuenta de dónde estaba.

—¿Qué hacen aquí? —les espeté, mirándolos como si ellos tuvieran la culpa de todo, aunque, sinceramente, no recordaba cómo habíamos acabado en esta situación.

Ambos se encogieron de hombros al unísono, como si fuera lo más natural del mundo.

—¿No recuerdan lo que pasó anoche? —intervino mi madre, asomándose con una expresión de preocupación mientras miraba el desorden en la habitación.

—¿Anoche? —preguntamos los tres al unísono, mirándonos mutuamente, tratando de atar cabos.

Y entonces, todo me golpeó de repente. Un flashback que no pude detener me recorrió la mente como un tren desbocado.

Había llegado a casa triunfal, tambaleándome un poco pero con la sonrisa más amplia del mundo en el rostro.

—¡Sorpresa! Traje regalos —anuncié, entrando por la puerta principal.

Mis padres salieron de la sala, mirándome con confusión y... algo que podría haber sido preocupación. Extendí dos bolsas con orgullo.

—Este es para mamá y papá —dije, ofreciéndoles una bolsa repleta de cervezas— Y este es todo mío. —abrazando la segunda bolsa como si fuera un tesoro.

—Draco, ¿te peleaste con alguien? —preguntó mi madre, notando el moretón que decoraba mi mejilla.

—Ah, cierto... Papá, me tropecé —respondí con la cara más inocente que pude poner, añadiendo un puchero por si acaso.

Lucius me miró de arriba abajo, claramente sin creerse una palabra de lo que decía.

—¿Viste el estado en el que estás? —señaló, entre irritado y preocupado— Pareces un desastre.

—¡Pero unos Aurores muy amables nos trajeron hasta aquí! —respondí, señalando la puerta de entrada con un dedo tambaleante— ¡Así! —Imité el ruido de una escoba volando, girando en círculos como si todavía estuviera volando.

Fue entonces cuando sentí un golpe suave pero firme en la nuca, cortesía de mi padre.

—¿Te emborrachaste? ¿Y llegaron los Aurores? ¡No puedo creerlo! —regañó, claramente frustrado— ¡Ve adentro!

Giré sobre mis talones, imitando a un gato ofendido mientras lo miraba de reojo.

—¡Ellos también están aquí! —señalé de nuevo la puerta.

Y, como si mis palabras los hubieran invocado, tres Aurores entraron. Uno de ellos llevaba a Pansy colgada sobre el hombro como si fuera un saco de patatas, mientras los otros dos arrastraban a Blaise por los brazos.

—Muy bien, señorita —dijo el Auror al bajar a Pansy— Ya está en casa, ¿de acuerdo?

—Usted también, joven... —añadió, mientras Blaise, que hasta entonces parecía estar en otro mundo, se soltaba bruscamente.

—Yo no les pedí que me ayudaran a encontrar mi casa —protestó, tambaleándose un poco mientras se acercaba al Auror más cercano— Les pedí que me ayudaran a encontrar a mi hombre.

Pansy y yo observamos la escena con incredulidad. Blaise, completamente borracho, levantó un dedo y señaló al Auror.

—Ya se los dije. Es así de alto, —dijo, levantando la mano por encima de su cabeza— y tiene ojos que brillan como los de un cachorrito. —agarró la cara del Auror, abriéndole los ojos— Y sus hombros... tan anchos como el océano Pacífico. Así. —extendió los brazos de manera exagerada.

Sin pensarlo dos veces, le di un sape en la cabeza.

—¡Eso dolió! —se quejó Blaise, sobándose la cabeza.

—Blaise, no puedes hacer eso... —lo regañé, tambaleándome yo también— Te vas a meter en problemas si le haces eso a la policía.

Pansy se abalanzó hacia Blaise, agarrándole el cabello con una fuerza que ni siquiera sabía que tenía, y lo giró hacia el Auror con una mueca de disculpa en el rostro.

—Ven aquí —ordenó, aunque no sonaba muy convincente—. Lo siento muchísimo —añadió, casi en un susurro.

—¡Oye! —protestó Blaise, apartándola de un empujón y empujándola hacia mí. Instintivamente la aparté de nuevo, esta vez hacia el sofá más cercano, donde cayó despatarrada, claramente mareada—. No han escuchado una palabra de lo que intenté decirles toda la noche —insistió Blaise, señalando a los Aurores con un dramatismo que casi me hizo reír.

Fruncí el ceño, cruzando los brazos mientras lo miraba, completamente

You are reading the story above: TeenFic.Net