Nuestra Unión

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Suspiro mientras regresaba a mirarse al espejo por décima vez.


Su cabello peinado sujeto en dos trenzas a los lados y unos ganchos transparentes sujetando sus rebeldes mechones que amenazan con escapar y caer cubriendo su ojo derecho. Junto sus labios asegurándose de que el brillo los empapase por completo, si así se veían apetecibles, un sonrojo corrió a sus mejillas, Mila y sus cosas.


Acaricio su rostro sintiéndolo suave, así lo sentiría Otabek.


Acomodo el cuello de su traje mientras giraba frente al espejo asegurándose de que todo estuviese en su lugar, su traje completamente pulcro y perfecto, este día tenía que ser perfecto.

Ese dia el omega Yuri Plisetsky iba a contraer su tan ansiado matrimonio con su pareja destinada, su alfa Otabek Altin.

Sonrió cuando se vio con aquel trajo largo de color negro y sofisticados bordados en dorado.

La idea de una boda tradicional al inicio le pareció algo absurda, ¿usar trajes típicos? Ese no era su estilo.

Y no lo fue hasta que en una de sus visitas a la familia de su novio, en uno de sus recorridos dados por su suegra, esta no se percató de que traje que habían confeccionado para Beka estaba expuesto, ya le había hablado de aquel traje, uno conservado a la perfección por su familia y que aguardaba el momento especial para ser usado.


Cuando lo vio supo que quería ver a su novio usándolo, porque si, era simplemente hermoso.


Suspiro con lenitud.


Estaba nervioso, demasiado ansioso, sus manos sudaban como nunca antes lo habían hecho, su corazón latía con tal fuerza que su pecho dolía, ni en las más grandes competencias le había pasado algo así y es que nada se comparaba a la grandeza del evento que pronto viviría. Al fin luego de cuatro años al lado Otabek iban a unirse de una forma mayor, iban a dar el próximo paso, uno tan grande que de cierta forma lo asustaba.

Pues sí, sabía que luego de aquel mágico momento iba a unirse no solo en cuerpo, sino también en alma con su alfa, estaba ansioso quería ser marcado, quería sentir esa conexión con su alfa que solo aquel lazo le iba a brindar, quería al fin sentirse pleno.

Miro el anillo de plata que adornaba su dedo anular, ahora iba a ser remplazado por uno de oro, uno que los uniría como pareja, como un solo ser. No puedo evitar sonreír, tuvo que morderse el labio inferior, estaba demasiado ansioso, todo un revuelo de emociones, esas ganas de llorar, ¿Por qué tenía ganas de llorar? Tuvo que levantar la mirada mientras parpadeaba constantemente intentado controlarse.

Él, Yuri Plisetsky siendo un llorón como el cerdo, era inaudito.

Dio unas cuantas vueltas en círculos hasta terminar sentándose en el sofá, liberó el aire con lentitud, parecía un sueño, todo lo que había vivido le parecía tan irreal, no solo el triunfar en el mundo del patinaje, si no también el hecho de que es su vida privada jamás se rindió, ni por las desilusiones, los engaños, los deslices, cada bache que la vida le había puesto, lo había superado y había tenido la gloriosa bendición de no solo hallar en Otabek al mejor ser de la tierra, si no también a su destinado, a su complemento.


¡Cuánta felicidad!


Pero aquello también lo asustaba, no quería que esa felicidad terminase, los matrimonios en la actualidad duraban muy poco.


─Yurio─


¿Y si pasaba lo mismo con él suyo?


No, no podía.


─Yurio─ Dio un respingo cuando vio al cerdo a su lado mirándolo extrañado─ ¿Estas bien? Estas temblando─


Gruño por lo bajo mientras cruzaba los brazos. Lo que faltaba, verse débil frente al japonés.


─No deberías de estar nervioso Yurio─


─¿Quién dice que estoy nervioso? ─


─Estas golpeando el suelo con el pie como si quisieras romperlo─


─ ¡Es complicado! ─ El japonés sonrió mientras se acercaba al rubio y agachándose pasaba un brazo por la temblorosa espalda tratando de calmarlo ─ No deberías estar haciendo tantos esfuerzos, mira lo enorme que está tu barriga, es como si fueses a explotar en cualquier momento, estúpido cerdo deberías cuidarte─ No pudo evitar reír mientras pasaba una mano por su abultado vientre.


─No soy yo el que está temblando como un bebé─ Yuri chásquelo la lengua mientras miraba a otro lado ─ Vamos, es tu día especial, no puedes tener esa actitud. Debes creer que todo saldrá bien─


─ ¿Cómo en tu boda? ─


─Eso fue diferente yo tengo una hija y sabes lo consentida que es, fue difícil mantenerla quieta pero no fue tan malo─


─Terminaron embarrados con el pastel─


─Fue el mejor momento de la ceremonia─


─Si claro─


─No habrá niños que corran por tu boda Yuri, ahora levanta el ánimo que no falta nada para el inicio de la boda─ Yuuri le mostro la hora, tan solo veinte minutos, sintió, sintió muchas cosas, tantas que no las supo identificar.


─Creo que voy a escapar por la ventana ─


─ ¡Yurio! ─


*



Otabek miraba a su madre que, afanosa arreglaba una y otra vez su traje ceremonial.

Él hubiese preferido algo simple, sencillo, solo él y Yuri con algunas personas cercanas como invitadas, un lugar acogedor y una ceremonia rápida.

Idea que no fue de agrado para su madre y para su sorpresa su novio apoyó cada idea que daba su progenitora, creyó al inicio que Yuri lo hacía por compromiso eh incluso se planteó el hablar con él, pero cuando vio el empeño y la alegría en el rostro de su omega supo que nada era fingido. Yuri había aceptado sin queja alguna la propuesta de la boda con trajes tradicionales y aunque apreciaba su cultura no quería arrastrar al menor a sus tradiciones, fue entonces cuando decidió intervenir hablado seriamente con su omega, asegurándole de que si prefería una boda moderna estaba de acuerdo.

Yuri ese día planto un beso en su frente diciéndole que no importaba si era tradicional o moderna, mientras ambos lograran casarse él iba a aceptar todo.

Fue así como su madre salió victoriosa con su idea de la boda tradicional.


-Listo─Hablo su madre mientras daba por finalizado su exhaustivo trabajo. Miro a su hijo con una gran sonrisa mientras contenía las ganas de llorar─ Estoy tan feliz─ Otabek acaricio el rostro de su madre con cariño.


─Oh, disculpe la interrupción─ Ambos kazajos giraron hacia la puerta donde el ruso de platinados cabellos se asomaba.


─Oh Viktor puedes pasar─ Él sonrió mientras abría la puerta dando pase a Nikolai Plisetsky.


─Señor Nikolai─ Otabek se movió con rapidez llegando al lado del anciano ayudándolo a sentarse.


Viktor se acercó a la señor Altin tendiéndole el brazo para que, en silencio abandonasen la habitación dejando a los alfas charlar cómodamente.


─Muchacho, ha llegado el día en el que mi nieto pasara enteramente a tus manos─ Otabek hizo el ademan de hablar cuando Nikolai alzo la mano─ Y sé que a mejores manos no pudo haber llegado, los he visto, he visto su relación desde los inicios, mi nieto cambio contigo, tras conocerte, Yuri comenzó a sonreírle a la vida y no solo a mí. Fue por ello que cuando me pediste la mano de Yuri no me opuse, no solo por ser el destino, sino porque vi en ti un verdadero alfa, uno que cuidaría y respetaría a mi nieto tanto como lo ama. ─ Paro para tomar aire ─ Ya estoy viejo Otabek y lo que una persona a mi edad desea es ver a los suyos vivir feliz, si algo me pasará, sé que mi nieto vivirá bien a tu lado─


─Señor Nikolai, yo...


─Te confió lo único y más sagrado que tengo en la vida Otabek─


─Lo protegeré de todo y de todos, lo cuidaré, lo amaré, lo prometo─


Nikolai sonrió, confiaba en ese alfa, confiaba.


*


Yuri levanto la mirada cuando vio a su abuelo ingresar, Yuuri quien había estado hablando con él se detuvo para saludar con respeto al alfa y darle espacio a la pequeña familia, sonriéndole a Yurio y dándole ánimos se retiró.


─Ese traje se ve muy bien en ti Yura─ El omega se acercó a su abuelo sonriéndole ─ Ah, sin duda tu madre estaría tan orgullo de verte ahora, mi niño has crecido tanto─ Nikolai paro un momento para suspirar, si su nieto ya no era un niño de 15 años, no ahora ya era todo un adulto, uno que estaba a minutos de casarse─ Estoy tan orgulloso de ti, a pesar de todo me demostraste lo fuerte que eres, cumpliste tus sueños y ahora vas a casarte con tu destinado. Siento que eh cumplido bien, soy feliz de tan solo verte ahora, tan radiante. Sé que estarás en buenas manos, no confiaría en cualquiera para cederle lo más preciado que tengo. Mi Yuratchka, solo quiero que me prometas que serás feliz, que siempre sonreirás y tendrás una familia a la que llenarás de amor y cuando pienses en este viejo sea siempre para contarme tu felicidad─


─Abuelo...


Yuri se lanzó a los brazos de su familiar.


─Debes sonreír mucho en este día mi niño, es tu gran día─ Yuri asintió aspirando todo el aire posible, mientras reunía el valor necesario para lo que estaba por venir. ─ No tiembles, yo estoy a tu lado te guiaré hasta el momento en el que le ceda ese lugar a tu esposo─


─Lamento interrumpir pero, Otabek ya está esperando a Yuri ─


─En seguida vamos muchachos levantó tomando de la mano a su nieto ─ Vamos Yura, es el momento. ─


─Tengo miedo─


─Has participado en concursos internacionales, hasta en los olímpicos y ¿le temes a tu boda? ─


─Abuelo─


─Abuelo nada, vamos Yuratchka─


Liberando el aire Yuri asintió y siendo fuertemente sostenido por las grandes manos de su abuelo se dirigieron al salón principal. No pudo evitar rememorar aquellos momentos cuando niño su abuelo solía tomarlo de la mano y lo guiaba, aquel acto se repetía y cierto sentimiento invadió su pecho. Quizá nostalgia, quizá alegría.

Un sentimiento que lejos de molestarlo le gusto, fue como un sedante para sus nervios.

Escucho los murmullos de los invitados y mientras avanzaba por el pasillo se mentalizaba cada dia vivido a su lado, las sonrisas, las discusiones, las reconciliaciones, prácticamente conocía a Otabek mejor que así mismo.

Y sonrió, sonrió cuando lo vio esperándolo en el altar.


Su sonrisa se ensancho aún más cuando lo vio enfundado en aquel traje, simplemente era mejor de lo que se había imaginado. Aquella vestimenta blanca tan sofisticada con los adornos y bordados en dorado le sentaban de maravilla a Otabek, se veía como un...


─Otabek se ve como un príncipe verdad─ Yuri lo miro algo sorprendido ─ Tus ojos brillaban más que le mismo sol Yura y ni que decir de tu traje, todos han girado a verte ─


Dio un paso seguido de otro y simplemente fue como si entrara en un sueño, un fantástico y maravilloso sueño.


*


Sonrió cuando Nikolai le tendió la mano de Yuri, tomo aquella mano con delicadeza.


Yuri, su Yuri lucia radiante, aquel traje negro con bordados dorados resaltaban su blancura y sus cabellos rubios peinados le daban un aspecto mágico, si, iba a casarse con el ser más hermoso que sus ojos jamás vieron.


Luego de tanto años, desde aquel lejano día en el que lo vio por primera vez en el campamento de Yakov hace ya más de quince años, al fin iba a unirse de una forma mayor a su amado ser. Cómo controlar tanta felicidad que corría por su ser. Cuando miro sus ojos se encontraron con las esmeraldas de Yuri sintió que se perdía por completo en estos, como si de un inmenso mar se tratase, tan profundo, tan firmes, con una meta marcada, esos eran los ojos de soldado que tanto amaba. Bajo la mirada a aquellos labios que, por indicación del funcionario recitaba palabras de amor eterno, de un futuro con promesar reales, promesas que sabían cumplirían, tomo las blancas manos mientras él ahora era quien recitaba las palabras de amor eterno y promesas que juraba cumplir.


Se miraron con complicidad, miradas que llevaban mensajes que solo ellos entendían, códigos secretos que entre sonrisas y miradas lograban decodificar.

Sonrió con ternura cuando vio la mano de Yuri temblar con fuerza cuando llegó el momento de colocarse los anillos dorados, repitió el mismo acto solo que al final acaricio aquella mano que aún temblaba, no ahora ambos temblaban.


─Pueden besarse─


Giraron encontrándose cara a cara.


Aquel sonrojo en el rostro de Yuri era por demás adorable retando al alfa de Otabek.


Poso sus manos por las delgadas mejillas, Yuri tan solo se dejaba hacer y cerrando lentamente los ojos mientras sus rostros se acercaban fueron declarados oficialmente una pareja de recién casados.


Todo el lugar se llenó de aplausos y palabras de aliento.


Yuuri lloraba de felicidad mientras Viktor consolándolo a su lado no perdía el tiempo para gritar los mejores deseos para la joven pareja, Pitchit grabo toda la boda y Mila corrió a abrazarlo con euforia.


Reunidos ese día, con las personas queridas cerca, alfa y omega unieron sus vidas bajo un juramento de amor eterno.


Otabek y Yuri ahora estaban felizmente casados.



*


Sonidos de húmedos besos irrumpían en el silencio que una vez reino en aquella habitación, eran cortos los lapsos entre besos. Iluminados por las luces de las lámparas, Yuri y Otabek yacían sobre la amplia cama ceremonial.


Yuri estaba recostado con el kazajo encima de él.


Abrió los ojos encontrándose con los cafés que lo miraban con cariño. Paso su mano por la mejilla del kazajo, desvió la mirada hacia el anillo de oro que adornaba su dedo anular. Era como un sueño, uno tan hermoso.


Otabek poso su mano sobre la del rubio atrayéndola hacia sus labios besándola, suspiro tratando de liberar sus nervios, estaba ahí, el momento que tanto había esperado estaba al fin consumándose, pero estaba nervioso, sumamente nervioso.


─Yuri, si no te sientes preparado yo puedo para....


No dejo que Otabek terminara aquella oración, se abalanzó sobre los labios de kazajo en un beso, uno necesitado y cargado de amor. No, no iba a parar ahora.


Otabek le siguió el beso mientras sus manos se paseaban por su delgada cintura, apenas se separaron para respirar cuando Yuri le dirigió esas miradas que tanto amaba Otabek.


─No vamos a parar, no ahora─


Un beso fue depositado en sus labios.


─Haré que disfrutes este momento Yuri─


El solo asintió volviendo a quedar recostado en la cama con Otabek comenzando a desabrochar su vestimenta, se relamió los labios mientras miraba atentamente, dos, uno, pronto su pecho quedo descubierto, sintió los besos que fueron descendiendo desde su mandíbula hasta su pecho, aspiro todo el aire que sus pulmones le permitieron para luego soltarlo de golpe cuando el aliento cálido choco contra su pezón derecho.

Se removió apenas cuando la legua del kazajo comenzó a moverse sobre aquella sensible parte, sus manos se movieron solas, inquietas sobre la cama. Otro jadeo fue liberado cuando su pecho fue dejado al aire frio y el otro pezón fue atacado por aquella boca, sentía las manos de su esposo pasearse por su vientre descendiendo peligrosamente hacia su miembro que ya comenzaba a despertar.

Otabek volvió a subir atrapando sus labios y con sus manos jugando con sus tetillas.

Yuri bajo sus delicadas pero mortales manos, reclamando que aquella prenda que cubria el cuerpo kazajo sea retirada, el mayor entendió el reclamo y separándose un poco se sacó la prenda superior, embelesado Yuri miro el amplio pecho de este, Otabek observo divertido la mirada que se le era dedicada, el ruso lo estaba devorando con la mirada, rápidamente ayudo a al menor a liberarse de la prenda superior lanzándola al suelo, lo miro quedando anonado con la belleza que desprendía, su piel tan pulcra y limpia, pálida, simplemente perfecto.


─ ¿Cómo puedes ser tan hermoso Yuri? ─


El ruso se sonrojo por aquel alago y no queriendo contestar estiro los brazos enroscándolos en su pareja atrayéndolo en un beso.


Ahora ambas manos recorrían los cuerpos ajenos, delineando cada parte, cada curva, cada hendidura, grabándolo todo es sus mentes, desde el más mínimo detalles.

Otabek volvió a separarse de los rosados labios para comenzar a chupar y besar su cuello, era como si se hubiese obsesionado con aquel lugar y a Yuri le encantaba, sentía un cosquilleo, algo que no sabía describir pero era agradable.


Volvió a besar los pezones para ahora descender por su vientre deteniéndose en su ombligo.


Si algo conocía, era de los lugares sensibles que tenían, en sus años de relación experimentaron muchas cosas descubriendo el cuerpo contrario y Otabek conocía aquellos lugares que lograban descontrolar a su omega.


Soplo aquella cavidad para luego comenzar a besarla con saña, Yuri respiraba agitado mientras mordía sus labios sin dejar de ver aquella lengua que lamia lentamente la ligera línea que formaba su pubis. Fue realmente estremecedor y placentero cuando chupo un poco aquella sensible piel hasta dejar la marca de un chupetón. Esas lamidas provocaban unos escalofríos que azotaban su sexo que iba irguiéndose dentro de sus pantalones. Dio un respingo cuando la lengua de Otabek se introdujo simulando embestidas, con la yema de los dedos acaricio el pecho del rubio rozando los duros pezones, arqueó el cuerpo ante aquella sensación, estaba excitándose, podía sentir su trasero comenzando a humedecerse. EL kazajo subió un poco más, llegando hasta el pezón derecho que desde hacía unos minutos torturaba con suaves pellizcos. Lo lamio con suavidad, igual como había hecho en cada parte del menor, no quería ser brusco, quería hacerle el amor.


Suaves gemidos eran los que ahora salían de los rosados labios, gemidos que lograban excitar a Otabek.


─Otabek...


Yuri


Deslizo su mano hacia el miembro del menor comenzando a acariciarlo por la superficie, lento sin dejar de ver las esmeraldas que destilaban deseo. Yuri lo llamo pidiendo un beso, beso que no tardó en llegar, todo lo que pidiese esa noche le sería otorgado.

Ahora las manos del alfa se paseaban por el elástico del pantalón de Yuri, ansioso por recibir más caricias alzo la cadera siendo despojado de aquella prenda quedando solo en ropa interior. Otabek deslizo el elástico de la última prenda que cubría a su omega, tan lento que le pareció una tortura al menor.


─Ah...


Al fin su miembro había quedado libre, libertad que duró poco pues las manos grandes del alfa no perdieron tiempo y lo envolvieron, bombeando de arriba hacia abajo disfrutando de ver al menor removerse debido al placer que se le era conferido. Respiro agitado cuando su miembro fue liberado, respiro que le duro poco cuando el alfa se inclinó hasta aquel lugar. Pronto los gemidos inundaron la habitación,

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