12 | Umbitch

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XII. UMBITCH

Se pasó la mitad de la mañana con Harry y Ron en el campo de quidditch. A Ron no se le daba nada mal jugar de guardián, solo esperaba que siguiera así de bien para el primer partido del curso. 

La otra mitad, antes de comer, se reunió con Hermione para adelantar algo de deberes, ya que con los castigos casi no había tenido tiempo de hacerlas entre semana. Hermione no dejó de repetir que Harry y Ron debían ponerse las pilas, porque no pensaba dejar que se copiaran de ella. 

Por la tarde llegó el verdadero entrenamiento, con la nada agradable sorpresa de que un grupito de Slytherin —entre los cuales se encontraban Draco Malfoy y Pansy Parkinson— estaban en las gradas. Angelina les pidió que les ignorasen, pero era muy difícil cuando no paraban de burlarse de ellos. Lo único que Allison quería era coger el bate de uno de los gemelos y golpear una bludger contra una de sus cabezas. 

De hecho, una pelota sí fue golpeada contra una cabeza. Pero fue contra la suya, y se trataba de la quaffle que Ron había lanzado con extrema fuerza, motivado por haber conseguido atraparla en el tercer intento. 

—¡Lo siento! —se disculpó Ron, yendo para ver si le había hecho mucho daño. 

Allison dio lo mejor de sí misma para no gritarle a su mejor amigo. No quería darles más motivos de burla a Malfoy y los demás, ni que Ron se pusiera más nervioso, si eso era posible. 

—No me grites, por favor —le pidió Ron cuando llegó a su lado, temiendo por la reacción de Allison. 

Ella solo intentó no decir nada mientras Ron ponía  una mueca al verle la cara. Le salía sangre de la nariz y le dolía bastante. 

—¡No ha sido nada, vuelve a tu posición! —bramó Angelina, alterada, dirigiéndose a Ron—. Pero cuando le pases la pelota a un compañero intenta no derribarlo de la escoba, ¿vale? ¡Para eso ya tenemos las bludgers!

George y Fred se acercaron hasta Allison, y Fred le dio una pequeña pastilla morada que sacó del bolsillo, diciendo que le detendría la hemorragia en unos segundos. Allison se fio y la tomó. 

Empezaron a profundizar el entrenamiento. Ron se colocó en los postes, Fred y George sacaron una bludger y Harry liberó la snitch. Las tres cazadoras intentaban marcar a Ron, algo que no resultaba muy difícil en sí. Ron seguía muy nervioso, y volaba de un poste a otro, dejando los otros dos desocupados. Incluso con la nariz sangrando cada vez más —¿no se suponía que la pastilla lo frenaría?— consiguió anotarle más de una vez. 

Angelina le echó la bronca a Ron. Mientras, Allison intentaba parar el chorro de sangre con las mangas de la túnica. Se estaba empezando a marear. 

—Lo que me habéis dado no sirve —les dijo a los gemelos, con la voz pastosa. 

Llegó un momento en el que Allison se mareó tanto que no podía ver ni manejar su escoba. No supo cómo, pero de repente se encontró con que Angelina y los gemelos la estaban sujetando. Las mangas de su túnica estaban cubiertas de sangre. Cerró los ojos y, al abrirlos, se vio a ella cubierta de sangre. Los volvió a cerrar con fuerza, con la cabeza dando vueltas.

Al rato, se encontraba en la enfermería.

—¿Por qué siempre llegas aquí cubierta de sangre? —preguntó la señora Pomfrey en voz baja, con una mano sobre la frente de la chica para tomar su temperatura. 

Los gemelos estaban a un lado de la camilla. Allison cayó en la cuenta de lo que había pasado, y les señaló con el dedo de forma acusatoria. 

—Voy a mataros. A los dos. 

Le habían dado la otra mitad de la pastilla, la que hacía que sangrases, no la que te curaba. 

—¡Ha sido sin querer! —se defendió Fred. 

—Me da igual. 

—Fuera, vosotros dos —ordenó la enfermera con voz firme—. No molestéis a la chica, necesita descansar.

Los gemelos se largaron antes de que Allison les reclamase nada más. 

—Allison, ¿qué es lo que llevas en la mano?

Ella se miró el dorso de la mano, donde todavía estaban grabadas las palabras «No debo atacar a nadie». Casi se le había olvidado con el día tan movido que llevaba.

—Un regalo de la profesora Umbridge, Poppy. ¿No le parece fantástico?

La enfermera entreabrió la boca, alarmada.

—¿Eso se lo ha hecho la profesora Umbridge? —Su tono de voz era de incredulidad—. Eso es inaceptable, por las barbas de Merlín...

Después de murmurar un par de cosas, se marchó a paso apresurado. Dos minutos más tarde, regresó al lado de McGonagall, que llevaba consigo una cara de preocupación.

—Déjame verlo, Allison —le pidió inmediatamente, y ella le tendió la mano para que pudiera leer las palabras que había escritas—. ¿Cómo...?

—Este ha sido el castigo que Umbridge nos ha puesto a Harry y a mí —respondió Allison—. Tiene una pluma especial, escribías con ella en un pergamino y las palabras aparecían en tu mano.

—Pero... eso es sangre —dijo con cautela la señora Pomfrey.

Allison asintió con la cabeza. La enfermera se puso a rebuscar en las estanterías, mientras McGonagall observaba la mano de Allison con una mezcla de sorpresa y enfado. Madame Pomfrey le tendió entonces un pequeño cuenco lleno de una sustancia amarilla.

—Mete la mano aquí, te aliviará el dolor y curará la herida.

—Espere, es la única prueba que tengo de lo que ha hecho Umbridge. Si se va...

—Allison —interrumpió la profesora McGonagall—. Sabes que admiro tu dedicación, pero no puedes poner por delante eso a tu salud. Yo hablaré con Dolores, tengo un par de cosas que decirle...

Resignada, Allison metió la mano en el cuenco, y enseguida notó cómo dejaba de escocerle.

* * *

El domingo hacía un día espectacular para pasar tiempo afuera, pero Allison tuvo que pasarlo haciendo deberes con Harry y Ron. Dejar las cosas para el último momento no era el método más eficaz.

En torno a las once y media de la noche, Hermione se acercó a ellos, después de haber estado hablando con Ginny mientras tejía más gorros para los elfos domésticos.

No pasó mucho tiempo hasta que Hermes, la lechuza de Percy, apareció por la ventana. Le traía una carta a Ron, en la que hablaba pestes de Harry, Dumbledore y, de paso, también de Allison. Al parecer, quería que Ron siguiera sus pasos ahora que había sido nombrado prefecto. También alababa a la profesora Umbridge, algo estúpido teniendo en cuenta el espanto de mujer que era. Se alarmó al leer que era posible que Dumbledore dejara de dirigir el colegio pronto, ¿quién iba a hacerlo si no? 

Ron rompió la carta y la arrojó al fuego, totalmente cabreado con Percy. Hermione pareció sentir mucha pena por ellos, ya que se ofreció a repasar y corregir las redacciones de Astronomía que estaban haciendo. Los tres le agradecieron mucho y volvieron a sus asientos. Allison se quedó abrazada a su hermano, medio dormida, hasta que el sueño le venció. 

No supo durante cuánto tiempo durmió, pero se despertó cuando Harry se levantó de forma repentina. Allison se frotó los ojos con los puños, somnolienta.

—Acabo de ver la cabeza de Sirius en el fuego —explicó Harry.

Enseguida, Allison corrió y se agachó al lado de su hermano, mirando fijamente la chimenea. Pasaron unos segundos y, como bien había dicho Harry, la cabeza de Sirius apareció entre las llamas.

—Empezaba a pensar que subiríais a acostaros antes de que se hubieran ido los demás —dijo él, sonriente—. He estado hablando con Eli, los de Ravenclaw se han ido mucho antes a las habitaciones. Pero siempre que me pasaba por aquí había alguien más.

—Pero ¿y si llega a verte alguien? —cuestionó nerviosa Hermione.

—Bueno, creo que me ha visto una chica que debía de ser de primero, por la pinta que tenía. Pero no os preocupéis —se apresuró a añadir—, desaparecí en cuanto volvió a mirarme, y estoy seguro de que pensó que solo era un tronco con forma rara o algo así.

—Sí, no pasa nada, vamos a lo importante —intervino Allison—. ¿Cómo está Maddy?

Sirius amplió su sonrisa.

—Está estupendamente. Bueno, suele despertarse de madrugada para comer, y después se queja porque come demasiado y vomita. Pero supongo que son cosas del embarazo. 

—Todavía no me lo creo, ¿sabéis cuándo va a nacer? —preguntó emocionada Allison.

—Finales de marzo.

—Entonces... es probable que sea el día del cumpleaños de nuestro padre —dijo Harry, pensativo.

Sirius ya lo sabía, por supuesto. En cuanto Maddy le contó cuándo saldría de cuentas, fue el primer pensamiento que cruzó su cabeza: si el bebé nacía el 27 de marzo, compartiría cumpleaños con James.

Continuaron hablando durante un rato, y pronto salió el tema de Umbridge. Resultaba que ella fue quien redactó una ley anti hombres lobo, y Allison recordó que era una de las razones con más peso por las que Remus no podía encontrar trabajo. Umbridge odiaba a todos los semi-humanos, por lo visto.

—Está amargada, no nos deja hacer magia —gruñó Allison, con indignación.

—Aun así hechizaste a Lavender en la primera clase —le recordó Hermione, con el mismo tono que usaba Remus para echarles la bronca. Era poco efectivo.

—Me enorgulleces —reconoció Sirius, y Allison le sonrió—. Y no me extraña lo de Umbridge. Según la información que hemos recibido por las fuentes que tenemos en el Ministerio, Fudge no quiere que recibáis entrenamiento para el combate.

—¿Entrenamiento para el combate? —repitió Harry, incrédulo—. ¿Qué piensa que hacemos aquí, formar una especie de ejército mágico?

—Eso es exactamente lo que piensa que hacéis —confirmó Sirius—, o, mejor dicho, eso es exactamente lo que teme que Dumbledore hace: formar su ejército privado, con el que podrá enfrentarse al Ministerio de Magia.

Tras una pausa, Allison habló:

—Yo pensaba que Lockhart era estúpido, pero lo que decía parecía incluso inteligente comparado con eso.

Ron soltó una carcajada, que se vio interrumpida por el tono de furia de Hermione.

—Entonces, ¿no nos dejan aprender Defensa Contra las Artes Oscuras porque Fudge teme que utilicemos los hechizos contra el Ministerio?

—Exacto —afirmó Sirius—. Fudge cree que Dumbledore no se detendrá ante nada con tal de alcanzar el poder. Cada día que pasa está más paranoico con él. Solo es cuestión de tiempo que dé la orden de detenerlo bajo alguna acusación falsa.

—¿Sabes si mañana va a salir algo sobre Dumbledore en El Profeta? —le preguntó Harry a Sirius—. Percy, el hermano de Ron, dice que sí...

—No lo sé. No he visto a nadie en todo el fin de semana, a parte de Maddy. Y no hemos estado hablando de la Orden, precisamente.

—¡Sirius! —protestó Allison, viendo la cara que había puesto él—. No hace falta que nos cuentes eso.

Él se echó a reír, hasta que Harry preguntó por Hagrid y sus carcajadas se apagaron.

Debería haber vuelto ya, pero no tenían ninguna noticia sobre él. Y eso no apuntaba a nada bueno, por mucho que Sirius tratara de tranquilizarles.

* * *

El lunes por la mañana, El Profeta les traía la nefasta noticia de que Umbridge había sido nombrada Suma Inquisidora de Hogwarts. 

—¡Ahora ya sabemos por qué nos han puesto a esa Umbridge! —exclamó Hermione tras leer la noticia—. ¡Fudge aprobó el Decreto de Enseñanza y nos la ha impuesto! ¡Y ahora va y le da poderes para supervisar a los otros profesores! —Hermione respiraba muy deprisa y le brillaban los ojos—. No puedo creerlo. ¡Es un escándalo!

—Joder, ahora Minnie no podrá hacer nada sobre los castigos inhumanos de esa arpía —se escandalizó Allison.

Al escuchar el nombre de su profesora, Ron esbozó una sonrisa. Allison le miró con los ojos entornados. 

—¿Se puede saber por qué te alegras, idiota? 

—Es que me muero de ganas de ver cómo supervisan a la profesora McGonagall. Umbridge va a enterarse de lo que es bueno.

—En fin, vámonos —propuso Hermione, poniéndose en pie—. Si piensa supervisar la clase de Binns, será mejor que no lleguemos tarde...

Sin embargo, no revisó ni Historia de la Magia ni Pociones, la clase que les tocaba después. El profesor Snape se dedicó a devolverles las redacciones, y Allison se enfadó al ver que le había puesto una I. ¿Para qué se esforzaba si Snape iba a suspenderle de todas formas? 

—Os he puesto la nota que os habrían puesto si hubierais presentado este trabajo en vuestro TIMO —explicó Snape con una sonrisita de suficiencia—. Así os haréis una idea de los resultados que podéis esperar de vuestros exámenes. En general, el nivel de la redacción ha sido pésimo. La mayoría de vosotros habríais suspendido si hubiera sido un examen. Espero que os esforcéis mucho más en la redacción de esta semana sobre las diferentes variedades de antídotos para veneno; si no, tendré que empezar a castigar a los burros que obtengan una D.

—¿A alguien le han puesto una D? ¡Ja! —se burló Malfoy en voz baja. 

Allison le enseñó su redacción a Ron, y él la suya; habían sacado la misma nota. Podría haber sido peor, al menos no habían sacado una D. Se giró hacia Harry y Hermione, pero Harry escondió su redacción y no le dejó verla. Hermione no le hizo caso, porque ya estaba prestando atención a Snape, pero Allison consiguió ver una clara A. 

La clase no fue muy mal, la solución fortificante que preparó parecía decente. A la hora de la comida, Fred, George y Lee se sentaron con ellos y tuvieron una conversación sobre cuáles eran las notas de los TIMO. Al final derivó en las clases supervisadas de Umbridge, ellos tres habían tenido una con el profesor Flitwick antes de comer. 

Más tarde, cuando llegaron al aula de Adivinación, supieron que tendrían entonces su primera clase supervisada, porque Umbridge entró por la trampilla. Todos se quedaron en silencio de golpe, y Trelawney se volteó para ver qué ocurría.

—Buenas tardes, profesora Trelawney —saludó Umbridge, sonriendo ampliamente—. Espero que haya recibido mi nota en la que le indicaba la fecha y la hora en que la supervisaría.

La clase comenzó como siempre, aunque Trelawney estaba notablemente nerviosa. Les indicó que continuarían con el estudio de los sueños proféticos, así que por parejas deberían interpretar los sueños del otro. Allison se apresuró a pedirse a Harry, y Ron se fue refunfuñando a sentarse al lado de Neville. 

—Permíteme que te lea el futuro con tus sueños. ¿Eso es lo que tenemos que hacer, no? —Allison pasó un par de páginas del libro—. Anda, pues no. Mejor que te cuente yo uno, que no sé qué es lo que tengo que hacer. 

—Está bien, dame el libro —accedió Harry. 

Allison le pasó El oráculo de los sueños y Harry lo dejó abierto por una página al azar, fingiendo que lo leía y escuchaba a su hermana. Ella le relataba lo que había soñado aquella noche, pasando desde volar a lomos de un dragón —se trataba de un bola de fuego chino, su favorito— hasta estar en un concierto de las Weird Sisters. Por supuesto, había acudido al concierto montada en el dragón. 

—Tus sueños no tienen ningún sentido, Allison —se quejó Harry, y su hermana solo se encogió de hombros—. Hay que sumar tu edad a la fecha en la que tuviste el sueño, y después al número de letras del tema.

—Quince más... ¿qué día es hoy?, ¿nueve?, pues tenemos veinticuatro. El tema es dragón, así que treinta. ¿Eso qué significa? ¿Voy a morir en treinta días o algo así? 

Pero Harry ya no la escuchaba, sino que había comenzado a prestar atención a lo que las profesoras hablaban. Así que Allison abandonó la idea de adivinar qué significado tenía el número treinta, y se puso a escuchar con él. Al cabo de un rato sin nada muy interesante, Umbridge le pidió a Trelawney que le hiciera una predicción. Y, como seguramente no pudo, le advirtió de que se encontraba en grave peligro. 

Después de eso, decidió ir a leer el diario de sueños de Harry y pronosticarle la muerte en cada uno. Lo de todos los días. 

Esa misma tarde, en Defensa Contra las Artes Oscuras, Harry volvió a conseguir que la profesora Umbridge le castigase, para variar. Había vuelto a mencionar a Quien No Debe Ser Nombrado y eso no le había hecho nada de gracia a Umbridge. Ni a Angelina, cuando se enteró de que Harry iba a volver a faltar al entrenamiento; montó una escena en el Gran Comedor, y McGonagall le restó puntos a Gryffindor. 

Ese mismo día, martes, Umbridge volvió a supervisar una clase: Transformaciones. McGonagall había entrado al aula sin siquiera mirar a Umbridge, y había empezado a dar clase ignorando sus ridículas tosecillas. Le pidió a Seamus que repartiera las redacciones corregidas, y Allison se alegró mucho de ver una S. 

—Muy bien, escuchadme todos con atención. Dean Thomas, si vuelves a hacerle eso a tu ratón voy a castigarte. La mayoría de vosotros ya habéis conseguido que vuestros caracoles desaparezcan, e incluso quienes les dejasteis un poco de caparazón habéis captado lo esencial del hechizo. Hoy vamos a...

—Ejem, ejem —insistió la profesora Umbridge.

—¿Sí? 

McGonagall la encaró con las cejas alzadas. 

—Estaba preguntándome, profesora, si habría recibido usted la nota en la que le detallaba la fecha y la hora de su supervi...

—Es evidente que la he recibido, porque si no ya le habría preguntado qué está haciendo en mi aula —la interrumpió la profesora McGonagall, y le dio la espalda. Allison sintió muchas ganas de aplaudir en ese instante—. Como iba diciendo, hoy vamos a practicar el hechizo desvanecedor con ratones, lo cual resulta mucho más difícil. Bien, el hechizo desvanecedor...

—Ejem, ejem.

—Me gustaría saber —empezó la profesora McGonagall, conteniendo su ira y volviéndose hacia la profesora Umbridge— cómo espera hacerse una idea de mis métodos de enseñanza si no para de interrumpirme. Verá, por lo general, no tolero que la gente hable cuando estoy hablando yo.

Definitivamente, McGonagall era su profesora favorita, y al ver la atónita cara de Umbridge supo que no estaba equivocada. Empezó a escribir con furia, pero McGonagall la ignoró de nuevo y volvió la atención a sus alumnos.

* * *

Había conseguido que Umbridge volviera a castigarla durante otra semana. Ocurrió durante la supervisón de la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. En una de sus tantas preguntas, Malfoy recordó que había sido atacado por un hipogrifo en una de las clases de Hagrid.

Y Allison le dio una patada en la espinilla para recordarle a él que no solo las criaturas mágicas podían pegarle durante la clase. 

Horas después, cuando regresaron a la Sala Común, vieron que Ron y Hermione se habían quedado a esperarles. Hermione les había preparado una solución de tentáculos de murtlap para las heridas, igual que le había dado la señora Pomfrey el sábado anterior, algo que ellos agradecieron infinitamente. 

Las heridas habían vuelto a sangrar, y a Allison no le hacía gracia tener en el dorso de la mano las palabras «No debo atacar a nadie». Ni que fuera un peligro o algo así. Solo le había lanzado un hechizo de cosquillas a Lavender y le había dado una pequeña patada a Malfoy, no era para tanto. 

—Umbridge es repugnante —afirmó Hermione con un susurro—. Repugnante. Cuando habéis entrado estaba diciéndole a Ron... que tenemos que tomar cartas en el asunto.

—Yo propongo que la envenenemos —sugirió Ron con gravedad.

—Lo apoyo —secundó

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